martes, 8 de marzo de 2016

Otoño

Declinaba la luz del atardecer. Era una tarde de octubre nubosa y gris. Yo volvía del río montado en un buche alegre y trotón. Se oía el siseo del viento entre los fresnos.

Sobrepasé el cementerio y, con el pueblo ante mis ojos, sólo sentía una soledad desoladora. Jamás he vuelto a tener esa profunda y extrema sensación.


Camino del cementerio,
sólo el otoño y las tumbas,
entre las zarzamoras.


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