martes, 8 de marzo de 2016

Comulgatorio

Mirar y ver. Sensación y sentimiento. Viajar y sentir. Comulgar. El viajero lleva siempre en sus ojos un poeta de bolsillo. El viaje posee siempre un sentido iniciático, a pesar de las preconcepciones y prejuicios mentales que en el mundo  hipermediático actual todos llevamos en la mochila.

El espejuelo del poeta refleja la realidad dejando que las palabras se preñen de la impresión sentimental que una nube, una gota de luz entre la fronda de un árbol, el brillo de una flor o el gorjeo de un pajarillo ha causado en su ánimo. Pero, al mismo tiempo, dejando que sean las cosas las que hablen a través de sus propias palabras.

El 'poeta del bananero' (Basho) escribió que "todos los seres humanos están de viaje en todos los momentos de su vida". Basho concibió su propio estilo de composición (en sus diarios de viaje consigue el sincretismo perfecto de prosa y verso) conocido como haibun, que integra ambos tipos de forma literaria.

Muchos de los haibun de Basho son diarios de viaje con haikus intercalados entre la prosa. Otros haibun describen sus visitas a santuarios próximos a casas de campo solitarias en las que el viajero piensa en su propia humanidad y se interroga sobre la naturaleza del "espíritu azotado por el viento", o se comunica con las plantas y animales con las que comparte el mundo.

En el cuaderno del viajero, ojos y pluma siempre prestos a captar la fugaz impresión de lo desconocido, de lo recién nacido. Palabras aladas crearán el mundo cada vez que vuelen a tus ojos.

Los gorriones
sueñan en el alero,
con la primavera.


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