Nocturno estanque.
Se sumerge una rana.
Silencio roto.
Estanque en calma.
Salta una rana ¡Chop!
Ruido del agua.
Estrujo un poco más mi memoria para intentar explicar las claves o razones que sustentan la importancia, fama y méritos de este haiku, aparentemente bobo o intrascendente. Pero cuando lo lees e imaginas vas descubriendo todas o casi todas las reglas doradas de la poesía haiku, el tao, el budismo, el sintoísmo y la percepción de la existencia desde un plano elemental, casi infantil (de ahí supongo esa impresión de bobada intrascendente).
Describe un instante y una sorpresa, algo que hace ese instante distinto de todos los demás. Y se compone de o con algunos elementos fundamentales de la poesía oriental:
* el estanque (el agua, uno de los cuatro elementos), su quietud, su calma, escenarios perfectos para la contemplación;
* la no-acción, clave de la filosofía taoísta, que se complementa con la acción, que en este caso llegará de fuera y no provocada por el propio ser; la acción producida por el salto de un rana que abandona la orilla para sumergirse en el estanque: mutación, cambio, movimiento, características de la Naturaleza siempre activa aun cuando parece quieta y dormida...
* silencio/ruido, espejo del agua roto por el chop! de un pequeño ser vivo...
(No sigo, ahora te toca a tí la búsqueda de tréboles de cuatro hojas)
Gracias,Upande. Voy aprendiendo muchas cosas sobre Haikús y espero, más pronto que tarde, ir poniéndolas en práctica. Por cierto, yo, sin buscarlos y por casualidad, he encontrado a lo largo de mi vida, no uno, sino dos tréboles de cuatro hojas, el primero en Australia hace muchos años y el segundo en un parque de Madrid. Los tengo enmarcados. Soy una chica con suerte.
ResponderEliminarChica con suerte y poesia, se agredece intentar explicar la genialidad
ResponderEliminarde Basho a osados occidentales :)
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