Taller colectivo de la gran familia Upande Upande. A la memoria de María Dolores Torres.
miércoles, 13 de diciembre de 2017
lunes, 20 de noviembre de 2017
miércoles, 15 de noviembre de 2017
Diez palabras bellas.
Inefable,
Efímero,
Inconmensurable,
Etéreo,
Sempiterno,
Petrícor,
Perenne,
Bonhomía,
Ataraxia,
Arrebol.
jueves, 26 de octubre de 2017
Haikú en euskera
Para alguien muy especial.
Flora Inhar,
Berotzen galdarak
Infernuan
ORAIN KOBAYASHI
domingo, 22 de octubre de 2017
lunes, 16 de octubre de 2017
lunes, 9 de octubre de 2017
lunes, 2 de octubre de 2017
domingo, 1 de octubre de 2017
martes, 26 de septiembre de 2017
Walt Whitman
Párrafo final del poema, "No te detengas".
"No permitas que la vida
te pase a ti sin vivirla"
miércoles, 13 de septiembre de 2017
Hacer amor
Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.
Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.
Y casi no se más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.
Nota: ''Hacer amor'' es un poema de Antonio Gamoneda, escrito hace medio siglo y publicado en su libro de poemas ''Blues castellano''
viernes, 25 de agosto de 2017
Hoy recuerdo una canción...
"Al partir, un verso y una flor,
un te quiero, una caricia
y un adiós..."
martes, 15 de agosto de 2017
lunes, 14 de agosto de 2017
Licencia para copiar...
...un Haikú de Matsuo Basho:
"Un año más ha pasado.
Una sombra de viajero en mi cabeza.
Sandalias de paja a mis pies"
viernes, 12 de mayo de 2017
Elogio del instante
Del vértigo;
del tiempo que llegará,
nos queda el intervalo.
del tiempo que llegará,
nos queda el intervalo.
viernes, 21 de abril de 2017
jueves, 20 de abril de 2017
martes, 18 de abril de 2017
Cosmología
Luce el día
como nunca-siempre.
Otra vuelta.
domingo, 16 de abril de 2017
lunes, 10 de abril de 2017
domingo, 2 de abril de 2017
Geometría hiperbólica
En comunión con el viento,
Mi hermano de sangre
El dulce milano.
viernes, 31 de marzo de 2017
Zumbido
Rumor de insectos
Música antigua
Anterior a los instrumentos
Recupero tres versos de Antonio Gamoneda
Recupero tres versos de Antonio Gamoneda
jueves, 30 de marzo de 2017
martes, 21 de marzo de 2017
Día de la Poesía
Licencia para saltarme el haikú, o similar, y escribir algo especial de mi querida Gloria Fuertes y que coincide en parte con mi complicado nacimiento.
"Nací en Madrid a los dos días de edad, pues fue muy laborioso el parto de mi madre, que si se descuida, se muere por vivirme".
lunes, 20 de marzo de 2017
Primavera, 11:29 a.m.
A esa hora la he recibido en el parque
y el sonido de trovadores alados
acompañaron mi paseo.
domingo, 19 de marzo de 2017
sábado, 18 de marzo de 2017
La otra Misión
Esto es lo que dijo Manuel Bartolomé Cossío en diciembre de 1931:
"Somos una escuela ambulante que quiere ir de pueblo en pueblo. Pero una escuela donde no hay libros de matrícula, donde no hay que aprender con lágrimas, donde no se pondrá a nadie de rodillas como en otro tiempo. Porque el gobierno de la República que nos envía, nos ha dicho que vengamos, ante todo, a las aldeas, a las más pobres, a las más escondidas y abandonadas, y que vengamos a enseñaros algo, algo que no sabéis por estar siempre tan solos y tan lejos de donde otros lo aprenden, y porque nadie hasta ahora ha venido a enseñároslo; pero que vengamos también, y lo primero, a divertiros".
Y este es
el reportaje de la UNED
Y este el haiku (o lo que sea):
"Somos una escuela ambulante que quiere ir de pueblo en pueblo. Pero una escuela donde no hay libros de matrícula, donde no hay que aprender con lágrimas, donde no se pondrá a nadie de rodillas como en otro tiempo. Porque el gobierno de la República que nos envía, nos ha dicho que vengamos, ante todo, a las aldeas, a las más pobres, a las más escondidas y abandonadas, y que vengamos a enseñaros algo, algo que no sabéis por estar siempre tan solos y tan lejos de donde otros lo aprenden, y porque nadie hasta ahora ha venido a enseñároslo; pero que vengamos también, y lo primero, a divertiros".
Y este es
el reportaje de la UNED
Y este el haiku (o lo que sea):
Ha ocurrido,
como un amanecer
inolvidable.
miércoles, 15 de marzo de 2017
domingo, 12 de marzo de 2017
Cielo guinda
Sobre la línea
del cielo con mar azul
flota una guinda
del cielo con mar azul
flota una guinda
sábado, 11 de marzo de 2017
lunes, 6 de marzo de 2017
sábado, 4 de marzo de 2017
Ayer...mañana
Ayer saltaba
con granizo y nieve,
mañana abril.
(nos lo envía mi amigo Luis como prueba de que ha encontrado su libertad )
jueves, 23 de febrero de 2017
martes, 14 de febrero de 2017
lunes, 13 de febrero de 2017
martes, 31 de enero de 2017
De la necesidad de divertirse
Compañeros de zoco, hoy me salto las normas y paso de haikú para copiaros aquí la carta que en 1999 le escribió Javier Marías a "Kuki", su profesora de Literatura en el Colegio Estudio cuando él era chaval (1969):
Ya he hablado aquí de doña Carmen García del Diestro o más bien la señorita Kuki, mi profesora de literatura en el Colegio “Estudio” de Madrid. Hoy nonagenaria, me ha pedido unas líneas para el discurso que pronunciará en la reunión de fin de curso del profesorado actual. Le he escrito mejor una carta, y me voy a permitir resumirla porque acaso sea un homenaje no sólo a ella, sino a toda una generación de enseñantes, y porque quizá algún párrafo pueda aplicarse a cualquier profesión. Y esto le he dicho a la señorita Kuki:
«Es esta una época en la que los docentes gozan cada vez de menor libertad, apabullados por normas, controles y pedanterías. Y así se les permite siempre menos el uso de la imaginación y más les son impuestos el mimetismo y la uniformidad. Habrá quienes se sientan felices por ello. En todo oficio hay y ha habido gente rutinaria y perezosa, que prefiere saber a qué atenerse, no ya a diario, sino en su entera vida. Gente que sólo busca su seguridad y jamás aventura; reiteración y no riesgo; cómodas cortapisas y reglas que descarten el traicionero entusiasmo con que a veces se acometían las tareas en el pasado. Quizá he errado el tiempo verbal, ojalá. El número va menguando, pero aún quedan personas que sí afrontan con imaginación y entusiasmo su trabajo cotidiano, y aun su vida entera que no quieren conocer ni vislumbrar así, entera, de antemano. Personas que recibirán las sorpresas con gusto, aun si no son muy buenas, antes que sentirse programadas hasta la eternidad. Tengo para mí que ese entusiasmo –que a menudo flaquea, cómo no– y esa imaginación –basta una modesta, un grano de sal– son especialmente necesarios en la enseñanza. No ayudan los tiempos, que poco alientan y recompensan a los docentes, en lo político, lo económico y lo social. Pero aun así, el primer precepto de un profesor para consigo mismo ha de ser: YO ME DIVERTIRÉ.
Eso creo, y esa fue mi divisa durante los pocos años en que, como un impostor accidental, di clases en Oxford, en Massachusetts, en Madrid. Y si algo me consta es que, si me divertía yo, los alumnos se divertían también. Se intrigaban, se preguntaban, se paraban a pensar, esperaban que al final de la hora –como en un relato– se produjera una revelación, una deducción, una conclusión no insignificante; la respuesta a un enigma, o, lo que es lo mismo, el logro de un conocimiento. Poco importaba que al sonar la campana nada de eso tuviera lugar; lo importante era su espera, su confianza en ello, su atención al proceso de la transmisión de un problema o un saber. La existencia y visión fugaz del espejismo. Creo que eso es lo fundamental: enseñar a pensar, a interesarse, a intrigarse, y eso puede conseguirse hasta con la más árida o menos práctica materia, con las matemáticas y con el latín. Pero creo también que eso sólo puede lograrse con la diversión –y por tanto con la alegría, por momentánea que sea, aunque sólo dure la duración de una clase– del que conduce ese pensamiento, ese interés, esa intriga.
Usted, desde luego, y muchos otros profesores y sobre todo profesoras de “Estudio”, fueron quienes me convencieron de lo que ahora afirmo. Fueron magistrales en todo eso, y no me crea tan ingenuo para no saber, al cabo del tiempo, que para muchos de ustedes enseñar en un colegio significaría al principio abandonar aspiraciones en teoría más altas, o la resignación y la renuncia, bajo una dictadura que se dedicaba a arrancar de cuajo las ilusiones y esperanzas de muchos españoles. No, no creo que todos ustedes tuvieran eso ya antiguo, vocación. Seguro que muchos no. Y los hubo, sin duda, que se encararían con aquellos alumnos como quien arrastra una penitencia. Y sin embargo en la mayoría, y por supuesto en usted, señorita Kuki, se impuso sobre cualesquiera reveses, sinsabores o abandonos el deseo vehemente de su propia diversión. Y así, fueron imaginativos y alegres, arriesgados y sorprendidos, irónicos y en general risueños. Una suerte para nosotros, desde luego para mí. Y sé por eso que un mundo en el que tras una mesa o ante una pizarra no hubiera ya profesores como los que vi y escuché a lo largo de tantos años, sería mucho más triste, menos atractivo y más bobo que el que me tocó descubrir. Y como los maestros y profesores, estén considerados como lo estén hoy, lo que hacen más que ninguna otra cosa –más incluso que transmitir saber– es configurar personas, su tarea sigue siendo una de las más importantes en cualquier lugar. Así que por el bien de todos, confío en que jamás falten docentes con ese lema y que sigan el ejemplo que usted nos dio: YO ME DIVERTIRÉ.»
Que tenga muy feliz y divertida reunión.
[Javier Marías. Antiguo alumno. Promoción 68. Escritor y Académico de la Real Academia Española. Artículo publicado en El Semanal, 27 de junio de 1999]
Quizá sí hay un haikú detrás de esta deslumbrante revelación/evocación:
Ya he hablado aquí de doña Carmen García del Diestro o más bien la señorita Kuki, mi profesora de literatura en el Colegio “Estudio” de Madrid. Hoy nonagenaria, me ha pedido unas líneas para el discurso que pronunciará en la reunión de fin de curso del profesorado actual. Le he escrito mejor una carta, y me voy a permitir resumirla porque acaso sea un homenaje no sólo a ella, sino a toda una generación de enseñantes, y porque quizá algún párrafo pueda aplicarse a cualquier profesión. Y esto le he dicho a la señorita Kuki:
«Es esta una época en la que los docentes gozan cada vez de menor libertad, apabullados por normas, controles y pedanterías. Y así se les permite siempre menos el uso de la imaginación y más les son impuestos el mimetismo y la uniformidad. Habrá quienes se sientan felices por ello. En todo oficio hay y ha habido gente rutinaria y perezosa, que prefiere saber a qué atenerse, no ya a diario, sino en su entera vida. Gente que sólo busca su seguridad y jamás aventura; reiteración y no riesgo; cómodas cortapisas y reglas que descarten el traicionero entusiasmo con que a veces se acometían las tareas en el pasado. Quizá he errado el tiempo verbal, ojalá. El número va menguando, pero aún quedan personas que sí afrontan con imaginación y entusiasmo su trabajo cotidiano, y aun su vida entera que no quieren conocer ni vislumbrar así, entera, de antemano. Personas que recibirán las sorpresas con gusto, aun si no son muy buenas, antes que sentirse programadas hasta la eternidad. Tengo para mí que ese entusiasmo –que a menudo flaquea, cómo no– y esa imaginación –basta una modesta, un grano de sal– son especialmente necesarios en la enseñanza. No ayudan los tiempos, que poco alientan y recompensan a los docentes, en lo político, lo económico y lo social. Pero aun así, el primer precepto de un profesor para consigo mismo ha de ser: YO ME DIVERTIRÉ.
Eso creo, y esa fue mi divisa durante los pocos años en que, como un impostor accidental, di clases en Oxford, en Massachusetts, en Madrid. Y si algo me consta es que, si me divertía yo, los alumnos se divertían también. Se intrigaban, se preguntaban, se paraban a pensar, esperaban que al final de la hora –como en un relato– se produjera una revelación, una deducción, una conclusión no insignificante; la respuesta a un enigma, o, lo que es lo mismo, el logro de un conocimiento. Poco importaba que al sonar la campana nada de eso tuviera lugar; lo importante era su espera, su confianza en ello, su atención al proceso de la transmisión de un problema o un saber. La existencia y visión fugaz del espejismo. Creo que eso es lo fundamental: enseñar a pensar, a interesarse, a intrigarse, y eso puede conseguirse hasta con la más árida o menos práctica materia, con las matemáticas y con el latín. Pero creo también que eso sólo puede lograrse con la diversión –y por tanto con la alegría, por momentánea que sea, aunque sólo dure la duración de una clase– del que conduce ese pensamiento, ese interés, esa intriga.
Usted, desde luego, y muchos otros profesores y sobre todo profesoras de “Estudio”, fueron quienes me convencieron de lo que ahora afirmo. Fueron magistrales en todo eso, y no me crea tan ingenuo para no saber, al cabo del tiempo, que para muchos de ustedes enseñar en un colegio significaría al principio abandonar aspiraciones en teoría más altas, o la resignación y la renuncia, bajo una dictadura que se dedicaba a arrancar de cuajo las ilusiones y esperanzas de muchos españoles. No, no creo que todos ustedes tuvieran eso ya antiguo, vocación. Seguro que muchos no. Y los hubo, sin duda, que se encararían con aquellos alumnos como quien arrastra una penitencia. Y sin embargo en la mayoría, y por supuesto en usted, señorita Kuki, se impuso sobre cualesquiera reveses, sinsabores o abandonos el deseo vehemente de su propia diversión. Y así, fueron imaginativos y alegres, arriesgados y sorprendidos, irónicos y en general risueños. Una suerte para nosotros, desde luego para mí. Y sé por eso que un mundo en el que tras una mesa o ante una pizarra no hubiera ya profesores como los que vi y escuché a lo largo de tantos años, sería mucho más triste, menos atractivo y más bobo que el que me tocó descubrir. Y como los maestros y profesores, estén considerados como lo estén hoy, lo que hacen más que ninguna otra cosa –más incluso que transmitir saber– es configurar personas, su tarea sigue siendo una de las más importantes en cualquier lugar. Así que por el bien de todos, confío en que jamás falten docentes con ese lema y que sigan el ejemplo que usted nos dio: YO ME DIVERTIRÉ.»
Que tenga muy feliz y divertida reunión.
[Javier Marías. Antiguo alumno. Promoción 68. Escritor y Académico de la Real Academia Española. Artículo publicado en El Semanal, 27 de junio de 1999]
Quizá sí hay un haikú detrás de esta deslumbrante revelación/evocación:
En el silencio
la señorita Kuki
rompió molinos.
lunes, 16 de enero de 2017
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